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Medicina general

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Trastornos del sueño

El ser humano invierte, aproximadamente, un tercio de su vida en dormir. Necesitamos dormir para sobrevivir ya que, al igual que comer y beber agua, es una necesidad biológica. Dormir permite restablecer las funciones tanto físicas como psicológicas para un pleno rendimiento. Es decir, necesitamos dormir (sueño) para luego estar despiertos (vigilia), y viceversa. Este ciclo diario de sueño-vigilia es lo que se denomina ritmo circadiano.

La falta de sueño y sus consecuencias

La cantidad y la calidad del sueño pueden verse afectadas por factores biológicos, físicos y psicológicos. Los trastornos del sueño son un motivo frecuente de consulta médica. Entre ellos, el insomnio es el más común y uno de los que presentan mayor trascendencia sanitaria y social. Se estima que alrededor del 30 % de la población en general ha padecido alguna de las manifestaciones propias del insomnio: dificultad para quedarse dormido o para mantener el sueño a lo largo de la noche y despertares precoces nocturnos.

 

Los trastornos del sueño no sólo afectan al dormir si no que también pueden tener repercusiones durante la vigilia: fatiga, falta de concentración, somnolencia, alteraciones del humor como irritabilidad, disforia, tensión e incluso distimia o estado de ánimo deprimido.

Consejos para dormir mejor

 

Durante el día, intentar mantener un horario regular para acostarse y levantarse. Evitar hacer siestas. Restringir el consumo de tabaco, café, té, cola o alcohol, especialmente por la tarde. Realizar ejercicio físico moderado, preferentemente antes de media tarde, y a ser posible, con exposición a la luz solar.

 

Pocas horas antes de acostarse, procurar no realizar actividades estresantes o que requieran mucha atención. Evitar comidas abundantes y/o pesadas. Practicar ejercicios de relajación. Un baño de agua a temperatura corporal puede ayudar a que el cuerpo se relaje.

 

Por la noche, crear unas condiciones ambientales adecuadas para conciliar el sueño: temperatura agradable, mínima luz y ruido, ropa cómoda, etc. Antes de acostarse, se puede repetir cada noche una rutina que ayude a prepararse mentalmente para ir a dormir: lavarse los dientes, ponerse el pijama, etc. Si hace más de 30 minutos desde el momento de acostarse y se sigue sin dormir, levantarse e irse a otra habitación para hacer algo relajado, como leer un libro, ver la televisión, etc. y regresar al dormitorio cuando se vuelva a tener sueño. De esta forma, se relacionará la cama con quedarse dormido enseguida.

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