5 consejos para el tratamiento de los sofocos en la menopausia

13 octubre 2020 | Salud de la mujer

5 consejos para el tratamiento de los sofocos en la menopausia

Los sofocos en la menopausia son uno de los síntomas más molestos en esta etapa de la vida de la mujer. Se estima que alrededor del 80% de ellas los sufren, por lo que es una molestia muy frecuente.

Respecto a por qué se dan los sofocos en la menopausia, la respuesta está en el descenso en la producción de estrógenos por parte de los ovarios. Estas hormonas juegan un papel clave en el mecanismo de regulación de la temperatura del cuerpo, por lo que la reducción de los estrógenos circulantes hace que se altere este sistema y puedan aparecer sofocos y episodios de sudoración. 

La disminución en los niveles de estas hormonas femeninas es la responsable de los otros principales síntomas de la menopausia: sequedad vaginal (y la posible aparición de dolor en las relaciones sexuales), pérdida de masa ósea, dolor mamario, pérdida de libido, una mayor incidencia de vulvovaginitis y cistitis y sequedad cutánea, entre otros. 

Más allá del descenso fisiológico de los estrógenos, la aparición de sofocos parece que también está influida por la genética y factores ambientales como el estilo de vida.  

Los sofocos en la menopausia afectan sobre el 80% de las mujeres, siendo el síntoma más común. 

La descripción de cómo son los sofocos en la menopausia puede variar en cada mujer, así como el momento en que empiezan a experimentarse y su duración.

Por lo general, se trata de un síntoma de la menopausia temprano (de hecho, un 40% de las mujeres ya lo experimenta en el climaterio) y que se caracteriza por un aumento de la temperatura de la piel (esta puede aumentar hasta 5º C durante los episodios de sofocos), una vasodilatación periférica y una frecuencia cardíaca acelerada transitoriamente. 

Esta sensación de calor recorre todo el cuerpo, pero afecta más a la zona del cuello, la cara y la cabeza.

Su duración es muy diversa, puede ir desde los 30 segundos a los 2 o 4 minutos aproximadamente y es común que terminen con sudor frío y escalofríos. Asimismo, a veces van acompañados de enrojecimiento facial, mareos, náuseas, cefaleas, palpitaciones y sudores nocturnos.

La frecuencia en su aparición también es variable. Esto hace que algunas mujeres solo sufran episodios puntuales, mientras que para otras puede llegar a ser un verdadero obstáculo en su vida personal, social y/o profesional. A pesar de ello, es habitual que los sofocos pasen desapercibidos para el resto de personas. 

Respecto a cuánto duran los sofocos de la menopausia, la gran mayoría los experimentará por más de un año, mientras que este periodo se alarga más allá de los cinco años en una de cada cinco mujeres afectadas. Pasado este tiempo, suelen resolverse espontáneamente. 

El hecho de que se trate de un síntoma tan común, persistente y molesto para la mayor parte de las mujeres, incluso en los años previos a la menopausia, hace conveniente su tratamiento.

Cómo aliviar los sofocos de la menopausia 

Qué tomar para los sofocos de la menopausia es una consulta frecuente en ginecología y oficinas de farmacia.

Su tratamiento puede requerir, en algunos casos, el uso de fármacos. Sin embargo, la fitoterapia y los cambios en el estilo de vida también forman parte del abordaje terapéutico de este síntoma.

1. Terapia hormonal sustitutiva. Esta opción se utiliza como tratamiento de los sofocos en la menopausia solo en el caso de que estos vayan acompañados de otros síntomas y sean tan intensos que alteren de forma muy significativa la calidad de vida de las mujeres. Este tratamiento no se recomienda en mujeres con síntomas vasomotores (sofocos) leves.

Es también el tratamiento de primera elección en mujeres que han sufrido menopausia prematura (menos de 45 años) para prevenir síntomas y el riesgo de osteoporosis.

La terapia hormonal sustitutiva tiene como objetivo compensar la pérdida fisiológica de estrógenos. Su forma más utilizada es la terapia combinada de estrógenos y progestágenos.

Debido a sus posibles efectos adversos a largo plazo (aumento del riesgo de tromboembolismo venoso, eventos cardíacos y cáncer de mama, entre otros) debe usarse la dosis mínima efectiva durante el menor tiempo posible. El médico siempre debe valorar si es recomendable prescribirla y durante cuánto tiempo.

Después de los 50 años, hay que revisar el beneficio de mantener la terapia hormonal sustitutiva o bien hay que buscar otros tratamientos para la menopausia no farmacológicos.

2. Isoflavonas de soja para la menopausia. Las isoflavonas constituyen la familia de fitoestrógenos más numerosa y estudiada. Aunque se encuentran en todas las legumbres, la fuente más abundante de estos compuestos naturales son la semilla de soja y algunos de sus derivados como el tofu y el miso.

Los fitoestrógenos tienen una gran similitud estructural con los estrógenos, tanto naturales como sintéticos. Como consecuencia, ejercen una actividad estrogénica débil y se comportan como los fármacos conocidos como moduladores selectivo de los receptores estrogénicos (SERM), pero siendo una opción natural.

El interés por el consumo de isoflavonas en la menopausia surgió al observar la baja incidencia de sofocos en las mujeres japonesas (los datos indican que solo entre el 15 y el 25% los presentan), lo que se asocia a una dieta rica en soja

Paralelamente, ha ido incrementando la desconfianza de muchas mujeres respecto a la terapia hormonal sustitutivos y los efectos adversos que puede ocasionar, así como la preferencia por un tratamiento más natural.

Por todo ello, tomar soja para la menopausia en forma de complemento alimenticio constituye actualmente la principal alternativa a la terapia hormonal en el tratamiento de los sofocos y otros síntomas de la menopausia, así como para prevenir sus consecuencias.

Los estudios realizados con preparados de isoflavonas de soja muestran una disminución de la frecuencia semanal de sofocos, además de una mejora significativa de otras afecciones asociadas a la menopausia como trastornos del sueño, nerviosismo, estado de ánimo depresivo y disminución de la libido. 

Actualmente, la dosis recomendada de isoflavonas de soja está entre 40 y 80 mg al día, sin que se hayan descrito efectos secundarios.

Estos complementos alimenticios para la menopausia suelen incorporar también nutrientes claves para esta etapa de la vida de la mujer. Principalmente, calcio y vitamina D, esenciales para la salud de huesos y articulaciones.

3. Alimentación en la menopausia. Uno de los factores ambientales que puede influir en la aparición de los sofocos es la alimentación. Por este motivo, seguir una dieta saludable es esencial para prevenir y mitigar este síntoma.

Asimismo, cuidar la dieta en la menopausia es clave para prevenir la osteoporosis, evitar la ganancia de peso y mejorar el riesgo cardiovascular.  

El principal objetivo debe ser reducir el consumo de grasas saturadas e incrementar el aporte de calcio (1000-1500 mg/día) junto a la vitamina D, la cual favorece la absorción intestinal de este mineral.

Más allá de los lácteos, el calcio también se encuentra en frutos secos y semillas, cereales integrales, verduras verdes, sardinas y pequeños peces con espinas.

Son alimentos ricos en vitamina D, el pescado azul, los huevos y el arroz integral, si bien la síntesis de este nutriente se produce al exponerse al sol. Una exposición de entre 15 y 30 minutos al día en cara y brazos suele ser suficiente.

Estas pautas de alimentación en la menopausia deberían ir acompañadas del abandono de hábitos tóxicos como el tabaquismo y el consumo de alcohol.

En el caso del tabaco, la nicotina produce un efecto antiestrogénico, ya que acelera la eliminación de estrógenos. Por esta razón, a las mujeres fumadoras suele llegarles antes la menopausia.

Por su parte, el alcohol, las comidas picantes y la cafeína se asocian a un empeoramiento de los síntomas menopáusicos, entre ellos, los sofocos.

4. Menopausia y ejercicio físico. Los estudios indican que la actividad física en la menopausia ayuda a controlar el apetito, mejora la digestión y el control de peso, potencia la agilidad, favorece la salud del corazón y los huesos y tiene un efecto positivo para la salud mental.

Hacer ejercicio aeróbico que incremente la frecuencia cardíaca y favorezca la circulación forma parte de las recomendaciones de autocuidados para los sofocos. Lo ideal es que este vaya acompañado de actividades como caminar a paso ligero, correr, nadar o subir escaleras, ya que ayudan a mantener la densidad ósea.

También de ejercicios de flexibilidad y concentración (yoga, pilates, etc.), los cuales ayudan a mantener la estabilidad, la flexibilidad y la movilidad articular, además de favorecer la consciencia sobre el propio cuerpo y las emociones.

La recomendación general es dedicar una hora al día al ejercicio físico en la menopausia, al menos cinco días a la semana.

5. Menopausia y ansiedad. Las alteraciones psicológicas son frecuentes en la menopausia, sobre todo en las mujeres que sufren sofocos.

De este modo, es habitual experimentar ansiedad en la menopausia, así como una disminución del estado de ánimo, cambios de humor, tendencia a la depresión y pérdidas de memoria.

A su vez, los episodios de sofocos pueden estar desencadenados por estrés emocional, ansiedad o sentimientos de miedo.

Por todo ello, mejorar los factores anímicos es clave en esta etapa. El ejercicio físico es una estrategia muy eficaz para prevenir estas alteraciones psicológicas, pero también es importante cuidar el descanso y potenciar las relaciones sociales.

Al experimentar un episodio de sofocos, practicar la respiración abdominal profunda puede ser de ayuda.

 

 

 

 

Bibliografía

Vilaplana, M. Menopausia: claves para afrontarla [en línea]. Farmacia Profesional, 2016. <https://www.elsevier.es/es-revista-farmacia-profesional-3-articulo-menopausia-claves-afrontarla-X0213932416571321>

Redacción. Guía de Práctica Clínica sobre el abordaje de síntomas vasomotores y vaginales asociados a la menopausia y la postmenopausia [en línea]. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2015. <https://portal.guiasalud.es/wp-content/uploads/2018/12/GPC_571_Menopausia_AETSA_resum.pdf

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