Qué hacer ante una quemadura

16 noviembre 2020 | Cuidado de la piel

Qué hacer ante una quemadura

Las quemaduras son unas de las heridas más frecuentes. La gran mayoría ocurren de forma accidental en el hogar o el lugar de trabajo, por lo que cualquier persona es susceptible de sufrirlas.

Saber qué hacer ante una quemadura inmediatamente después de que se produzca es fundamental para minimizar el daño que pueden provocar tanto a nivel físico como psíquico. Sobre todo, cuando estas tienen la capacidad de causar importantes secuelas a nivel de funcionalidad y estética.

Cabe recordar que las quemaduras son el resultado de un traumatismo físico o químico que puede producir desde una leve afectación de la piel hasta la destrucción total de los tejidos implicados.

Existen diferentes tipos de quemaduras en función del mecanismo que las provoca. Entre los más comunes, las causadas por un líquido caliente (aceite, agua hirviendo, vapor de agua, etc.), fuego, un sólido caliente (plancha, horno, estufas, tubo de escape, etc.), electricidad, productos químicos, frío (quemaduras por congelación) y radiación (quemaduras solares).

En función de su profundidad, se habla de grados de quemadura: quemaduras de primer grado o epidérmicas, quemaduras de segundo grado superficiales o dérmicas superficiales, quemaduras de segundo grado profundas o dérmicas profundas y quemaduras de tercer grado o espesor total.

Los primeros auxilios ante una quemadura superficial pueden hacerse en casa, mientras que hay que buscar asistencia médica si se producen quemaduras más profundas.

Las quemaduras de primer grado son las más superficiales, afectando únicamente a la epidermis (la capa más superficial de la piel). Esto implica que se conserva la integridad cutánea. 

Estas quemaduras se caracterizan por ser las más dolorosas y provocar un eritema (enrojecimiento de la piel) e inflamación leve. No causan flictenas (ampollas por quemadura), suelen curarse espontáneamente en unos cinco días y no producen secuelas permanentes en la piel.

Son un ejemplo las quemaduras solares leves o las quemaduras por agua caliente, el horno, la plancha o la cera depilatoria.

Las quemaduras de segundo grado superficiales van más allá de la epidermis y dañan el estrato dérmico (la segunda capa de la piel) de forma parcial. En este caso, sí suelen aparecer ampollas por quemaduras que si se retiran o se revientan son exudativas y en las que la piel expuesta adquiere un color rojo intenso.

Estas heridas pueden dejar cicatrices o provocar una despigmentación cutánea o discromía, sobre todo cuando los primeros auxilios ante una quemadura no son los adecuados. Por lo general, suelen resolverse al cabo de ocho o diez días.

Son quemaduras de segundo grado habituales las que se producen por contacto con líquidos calientes (por ejemplo, aceite hirviendo), una llama o la exposición a sustancias químicas diluidas.

En caso de sufrir quemaduras graves y que afecten a tejidos más profundos, hay que buscar atención médica inmediatamente. También si estas afectan a un área grande, tienen lugar en el rostro o zonas sensibles, su aspecto empeora, desprenden un olor desagradable o van acompañadas de fiebre.

Cómo curar una quemadura

Al tratarse de heridas frecuentes, es habitual que una persona pueda experimentar este tipo de lesiones en diferentes ocasiones. Sin embargo, las personas mayores y los niños son los colectivos más susceptibles.

Los accidentes son más frecuentes entre ellos y, por las particularidades de su piel, las heridas pueden ser más graves. 

En el caso de los niños, su piel es más inmadura y hasta 15 veces más fina que la de los adultos, por lo que se quema a temperaturas más bajas y con una mayor profundidad.

Por su parte, en personas mayores, la capacidad de regeneración cutánea es menor y más lenta, lo que dificulta la curación de las heridas y aumenta el riesgo de complicaciones.

 

De este modo, saber qué hacer ante una quemadura y cuáles deben ser los cuidados a seguir es clave.

Valorar el grado de la quemadura. Si no se trata de una quemadura superficial (la quemadura es profunda y afecta a otras estructuras subcutáneas), hay que cubrirla con gasas estériles y buscar asistencia médica.

En caso de quemadura de primer grado o segundo, pueden realizarse los primeros auxilios en casa.

Lavar la piel. Lo primero que hay que hacer ante una quemadura es limpiar la piel y/o retirar restos de productos (cremas, ceras depilatorias, etc.). Se puede utilizar agua del grifo (si es potable), agua hervida, agua destilada o suero fisiológico.

Tras el lavado, hay que secar minuciosamente la piel con toques suaves, evitando frotar la zona.

 Aplicar agua fría. El agua fría para las quemaduras provoca una reducción efectiva del dolor.

Puede utilizarse agua corriente (entre 15 y 20º) durante veinte minutos, introducir la zona afectada en un baño de agua o aplicar compresas frías.

Hay que evitar el agua muy fría o helada (<15º), ya que produce una vasoconstricción, lo que acelera la progresión de la quemadura local y aumenta el dolor.

Usar una crema o gel para quemaduras. Cuando se produce una quemadura, se inicia un mecanismo fisiológico de deshidratación. Por lo tanto, se debe hidratar de forma activa la piel y aportar sustancias coadyuvantes para la recuperación y el mantenimiento de la hidratación.

En ese sentido, es recomendable utilizar una crema o gel para quemaduras que contenga también sustancias reparadoras y regenerantes.

El objetivo es prevenir la sequedad y favorecer el ambiente óptimo para la curación de la piel. 

Los beneficios del aloe vera para las quemaduras son ampliamente conocidos. Esto se debe a su contenido en acemananos, unos polisacáridos que mantienen el nivel de hidratación cutánea y promueven la reparación tisular. A su vez, el aloe vera tiene un efecto refrescante y calmante que lo hace idóneo para este tipo de heridas.

Por su parte, el pantenol es otro principio activo muy empleado en las cremas para quemaduras. Se trata de una forma activa del ácido pantoténico (vitamina B5) que se usa desde hace años en la protección de la piel y la mejora de la regeneración cutánea. 

El pantenol también reduce la pérdida hídrica transepidérmica (habitual en las quemaduras), incrementa la hidratación del estrato córneo y tiene propiedades emolientes y antiirritantes.

Por todo ello, es aconsejable incluir siempre en el botiquín de primeros auxilios una crema o gel para quemaduras. Estos productos también suelen recomendarse en caso de cortes, abrasiones, irritaciones de la piel, grietas por el frío y otras lesiones superficiales.

Utilizar cremas con corticoides. En el caso de quemaduras muy dolorosas o que cursan con bastante inflamación, puede estar indicado el uso de cremas con corticoides.

No obstante, su uso no debe prolongarse más de 48 horas después de la quemadura y hay que tener en cuenta sus posibles efectos secundarios. Entre ellos, un retraso en la epitelización y una disminución de las defensas inmunitarias (lo que implica un mayor riesgo de quemadura infectada por hongos o bacterias o la aparición de herpes).

En ese sentido, cabe recordar que las quemaduras provocan por sí mismas una pérdida de la acción barrera frente a los microorganismos, aumentando la susceptibilidad de infección.

Retirar los apósitos para quemaduras con cuidado. Si se utilizan apósitos para quemaduras o estas se cubren con gasas o vendajes, hay que ir con mucho cuidado a la hora de retirarlos.

Para ello, se aconseja humedecer los bordes de los apósitos para evitar que se adhieran a la piel y emplear la mínima fuerza.

Supervisar la evolución de la quemadura. Las quemaduras presentan un aspecto dinámico durante las primeras 48-72 horas, por lo que hay que prestar atención a su evolución durante este periodo.

Pasados estos dos o tres días, es conveniente revalorar de nuevo la herida.

En caso de que la quemadura no evolucione favorablemente y no se resuelva en un margen de ocho o diez días, hay que acudir al médico. 

¿Qué hacer con las ampollas de una quemadura?

Ante una ampolla por quemadura, estas no se deben manipular, cortar o reventar por cuenta propia en ningún caso. 

Las últimas revisiones de estudios sugieren que las ampollas con un diámetro menor a 6 mm deben mantenerse íntegras, excepto si interfieren con el movimiento o son molestas. 

Por lo general, solo se recomienda el desbridamiento o aseo quirúrgico de las ampollas por quemadura de grosor medio y siempre por parte de un profesional sanitario.

De lo contrario, se puede alterar el proceso curativo, aumentar el riesgo de infecciones y complicaciones de la herida y provocar un mal resultado estético y/o funcional. 

 

 

Bibliografía

Pérez, M.T. Martínez, P. et alt. Guía práctica clínica para el cuidado de personas que sufren quemaduras [en línea]. Servicio Andaluz de Salud. Consejería de Salud. Junta de Andalucía, 2011. <https://portal.guiasalud.es/gpc/guia-de-practica-clinica-para-el-cuidado-de-personas-que-sufren-quemaduras/>

Carazo, M.E., Domènech, A.B. et alt. Principales accidentes. Quemaduras [en línea]. Asociación Española de Pediatría. <https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/capitulo_2_1.pdf>

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