Insomnio y depresión: cómo la falta de sueño puede afectar al estado de ánimo

11 marzo 2021 | Cuidado del descanso

Insomnio y depresión: cómo la falta de sueño puede afectar al estado de ánimo

La relación entre insomnio y depresión está ampliamente documentada. La falta de sueño tiene un importante impacto en la salud mental y, al mismo tiempo, los trastornos del estado del ánimo suelen alterar el descanso.

De este modo, se crea fácilmente un círculo vicioso insomnio-depresión en el que muchas veces resulta imposible determinar cuál fue la causa desencadenante.

Una prueba de esta conexión es que los trastornos del sueño (concretamente, los que ocurren en la fase REM) desaparecen cuando el estado de ánimo mejora. Al mismo tiempo, se ha observado que el patrón de descanso se normaliza cuando remite el cuadro depresivo. 

Dada esta conexión, es fundamental actuar de forma temprana ante la aparición de problemas para dormir y/o un estado de ánimo que se caracterice por sentimientos mantenidos de tristeza, desilusión o desesperación.

La falta de descanso provoca también decaimiento durante el día. Esto implica que, en la depresión, el cansancio y el sueño sean otros síntomas habituales.

En España, se estima que el 25-35% de la población adulta padece insomnio transitorio y entre un 10 y un 15%, insomnio crónico.

Estos datos ponen de manifiesto la importancia de saber cómo mejorar el descanso y conseguir un sueño de calidad. De lo contrario, el riesgo de sufrir alteraciones del estado de ánimo como depresión, ansiedad o irritabilidad aumenta peligrosamente.

Este trastorno del sueño puede aparecer en cualquier etapa vital, pero su incidencia se acentúa con el paso de los años.  

Existen diferentes factores que explican este incremento del insomnio en adultos de edad avanzada. Las causas pueden ir desde la falta de buenas medidas de higiene del sueño, un estilo de vida poco saludable, los cambios vitales que suelen tener lugar en esta etapa (por ejemplo, hijos que dejan el hogar familiar o la jubilación), mayores problemas de salud o el consumo de ciertos fármacos. 

También hay que tener en cuenta que el sueño se deteriora con la edad: se hace más ligero, tiene menor duración y se acompaña de despertares nocturnos frecuentes (sueño fragmentado).

Este deterioro del sueño por la edad se produce tanto en hombres como en mujeres, aunque el insomnio crónico es sensiblemente superior en estas últimas.

Melatonina e insomnio

La melatonina es una hormona fundamental en el ciclo natural de sueño-vigilia. Concretamente, los niveles de melatonina en sangre aumentan por la noche para preparar el organismo para el descanso, mientras que descienden por la mañana.

El problema es que, con la edad, la producción natural de melatonina por parte del organismo disminuye. Como consecuencia, suelen aparecer alteraciones del ritmo circadiano.

En ese sentido, es frecuente que se produzca un avance de fase del sueño en personas de edad avanzada. Este fenómeno se caracteriza por la aparición de somnolencia al atardecer que hace que se acuesten temprano, pero también que se despierten demasiado pronto y tengan mucha dificultad para volver a conciliar el sueño.

La melatonina, junto al zinc, han demostrado ser un tratamiento eficaz para el insomnio y el decaimiento asociado.

Esta relación entre melatonina e insomnio ha sido ampliamente estudiada y se ha demostrado que su administración de forma exógena mejora la calidad del sueño y el estado de ánimo en general.

Esto resulta doblemente importante teniendo en cuenta el comentado vínculo entre insomnio y depresión, una condición cuya incidencia también se ve incrementada con la edad.

Más recientemente se ha observado una relación positiva entre zinc e insomnio debido al papel fundamental de este mineral en la regulación del estado de ánimo. Concretamente, estudios preclínicos y clínicos han demostrado que el zinc posee propiedades antidepresivas y que puede potenciar los efectos de los tratamientos con antidepresivos convencionales.

Cómo superar el insomnio por depresión o viceversa

El insomnio y la depresión son trastornos que tienen un gran impacto en la salud física y mental de las personas, así como en su calidad de vida.

Por este motivo, es fundamental abordar cuanto antes los problemas para dormir y el estado de ánimo depresivo.

Asimismo, el tratamiento para el insomnio y la depresión deben tener siempre en cuenta la interrelación que puede existir entre ambas condiciones.

Los datos dicen que las personas que sufren este trastorno del sueño tienen un riesgo 10 veces más alto de desarrollar una depresión. El insomnio también juega un papel clave en las recaídas, la recurrencia de los episodios depresivos y la cronicidad de la enfermedad. 

Por el contrario, el tratamiento del insomnio de forma precoz puede prevenir alteraciones del estado de ánimo.

Paralelamente, se estima que el 95% de las personas con depresión tienen algún trastorno del sueño.

En ocasiones, el tratamiento del insomnio y la depresión implica el uso de benzodiacepinas o hipnóticos sedantes. Estos fármacos deben utilizarse siempre bajo prescripción médica y utilizando la mínima dosis eficaz.

No obstante, la primera línea de tratamiento para el insomnio, el cansancio, el sueño y el decaimiento asociado va enfocado a encontrar alternativas terapéuticas sin los inconvenientes de las benzodiacepinas y los hipnóticos sedantes.

Esto suele implicar principalmente un cambio de hábitos que favorezca un descanso de calidad y un mejor estado ánimo, junto con el apoyo de tratamientos naturales para el insomnio y/o terapias cognitivo-conductuales.

En ese sentido, la suplementación con melatonina es la opción terapéutica de preferencia en personas que experimentan este trastorno del sueño.

Al intervenir en la regulación del ciclo sueño-vigilia, la melatonina mejora la calidad del descanso y reduce el tiempo necesario para poder quedarse dormido. 

Es conveniente que en la suplementación de melatonina para el insomnio se incluyan principios activos que actúen también ante el decaimiento asociado. El zinc, por su actividad antidepresiva, es especialmente interesante.

El objetivo de combatir el insomnio de forma natural, sin fármacos, cobra especial relevancia en las personas de edad avanzada, ya que las benzodiacepinas y los hipnóticos pueden incrementar el riesgo de caídas, somnolencia diurna, deterioro cognitivo y dependencia. 

Cabe destacar que este grupo poblacional no solo experimenta un descenso de la producción de melatonina natural por el propio proceso de envejecimiento, sino que también es más susceptible de sufrir los efectos de la deficiencia de zinc. 

Asimismo, hay que tener en cuenta que el dolor crónico en las personas de la tercera edad es muy frecuente y a menudo puede ir asociado al insomnio y la depresión. Por este motivo, es clave encontrar tratamientos que puedan mantenerse en el tiempo y sin efectos secundarios.

Bibliografía

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