La aplicación de frío y calor como tratamiento del dolor

7 diciembre 2020 | Salud deportiva

La aplicación de frío y calor como tratamiento del dolor

La aplicación de frío y calor suele formar parte del abordaje terapéutico del dolor. Sobre todo, en el tratamiento de las lesiones musculares, las tendinopatías y el dolor articular.

De hecho, el uso de la crioterapia (aplicación de frío con fines terapéuticos) y la termoterapia (aplicación de calor con fines terapéuticos) se remonta a la antigüedad y su efecto analgésico ha sido ampliamente estudiado. El problema es que, ante una lesión o una dolencia, muchas veces se desconoce si es mejor aplicar frío o calor.

El frío debe aplicarse ante una lesión nueva, mientras que el calor está más indicado en dolencias crónicas.

Por lo general, hay que aplicar frío en las primeras 72 horas después de una lesión muscular una tendinopatía o un episodio agudo de dolor articular. Es solo a partir del cuarto día cuando se debería empezar con baños de contraste (calor / frío) o métodos de termoterapia.

No obstante, ante un dolor de espalda (cervicalgia, dorsalgia o lumbalgia), sí debe aplicarse calor desde el primer momento, al igual que pasa con el dolor menstrual.

Por su parte, la combinación de frío y calor suele formar parte de las terapias de rehabilitación tras un esguince o una fractura, mientras que también puede resultar de utilidad para hacer frente al dolor mamario (mastodinia o mastalgia).

 

Frío, dolor muscular y otras dolencias del aparato locomotor

Cuando se produce una lesión muscular, generalmente se desgarran también los vasos sanguíneos de la zona. Esto da lugar a una hemorragia que se extiende rápidamente al interior de los tejidos circundantes y los entumece, provocando presión y más dolor y dificultando la cicatrización de las estructuras dañadas.

Lo mismo sucede con las lesiones en tendones, ligamentos, huesos o los tejidos adyacentes de estos elementos del aparato locomotor.

Por esta razón, ante la duda sobre qué es mejor ante la aparición de dolor muscular, si el frio o el calor, la respuesta es el frío.

La crioterapia en la fase aguda de las lesiones musculares permite inhibir y controlar la hemorragia y, por ende, facilita su rehabilitación. De hecho, la aplicación de frío de forma inmediata puede llegar a ser uno de los factores más determinantes en la recuperación de las lesiones de los tejidos blandos. 

El frío también ayuda a mitigar el dolor y el espasmo muscular que suele acompañar las lesiones; reduce el flujo sanguíneo capilar, lo que disminuye la inflamación; y previene la extensión del tejido lesionado por falta local de oxígeno.

Entre los diferentes métodos de crioterapia, estos son los más frecuentes.

  • Spray frío para dolor muscular. Estos sprays proporcionan un alivio inmediato en caso de golpes y contusiones, lesiones musculares y articulares, contracturas, hematomas, luxaciones, esguinces y torceduras. Se deben aplicar a una distancia de 20 ó 30 cm de la piel durante 4 ó 5 segundos.
  • Compresas de frío. Consisten en unas bolsas de plástico herméticamente cerradas con material gelatinoso que se enfrían en el congelador. Para su aplicación, hay que colocar una funda o envolver las compresas con un pañuelo o vendaje.
  • Bolsas de frío instantáneo. Estas bolsas liberan frío de forma inmediata cuando se presionan o golpean. Tienen la ventaja de que no deben congelarse previamente y son fáciles de almacenar y transportar, a diferencia de las compresas de frío.
  • Crema para el dolor muscular. Este tipo de sprays o cremas para el dolor muscular están formuladas con sustancias que proporcionan una sensación de frío y una acción calmante, como por ejemplo el mentol y el árnica. Estos productos deben aplicarse con un leve masaje hasta su completa absorción. 
  • Hielo para el dolor muscular. Masajear lentamente la zona lesionada con un cubito, formando círculos, es otro método para mitigar el dolor ante una lesión de los tejidos blandos del aparato locomotor. Este masaje debe durar unos cinco minutos aproximadamente.
  • Inmersión en agua con hielo. Otra opción, en función de la zona a tratar, es sumergir la parte afectada en un cubo de agua fría con cubitos de hielo. Esta inmersión debe realizarse durante 5-8 minutos.

Cabe tener en cuenta que la elección de uno u otro método dependerá de la zona afectada y la profundidad de la lesión.

En ese sentido, puede resultar más cómoda la inmersión en agua con hielo cuando se trata de grandes áreas que no se pueden cubrir fácilmente con compresas o bolsas de tamaño convencional.

Por el contrario, las bolsas o compresas suelen estar especialmente recomendadas en el tratamiento de lesiones más profundas, ya que los sprays de efecto hielo suelen actuar en los tejidos más superficiales.

Otra consideración a tener en cuenta es que, cuanto mayor sea el músculo o la articulación lesionada, más tiempo deberá mantenerse el enfriamiento.

Los métodos de crioterapia tienen el riesgo de provocar quemaduras por frío, por lo que hay que seguir siempre las indicaciones del producto empleado y evitar el contacto directo de las compresas o las bolsas con la piel.

 

Calor, dolor crónico y subagudo

La aplicación de calor en la fase aguda de una lesión provoca que los vasos sanguíneos se dilaten y se interrumpa el proceso de coagulación sanguínea.

Como consecuencia, aumenta la cantidad de líquido en el área lesionada, incrementa el sangrado y se produce una mayor inflamación y presión en los tejidos circundantes. El resultado es un dolor severo y una cicatrización más lenta. 

Por todo ello, ante un dolor muscular o una lesión de tejidos blandos, el calor no debe emplearse en la primera fase.

Es una vez superado el riesgo de hemorragia, entre las 48 y las 72 horas iniciales, cuando se puede recurrir a la termoterapia. En este periodo, el aumento del flujo sanguíneo que produce el calor sí resulta beneficioso para el proceso de recuperación.

Asimismo, la aplicación de calor ejerce un efecto muy positivo sobre las fibras de colágeno (tejido conectivo). Concretamente, aumenta su elasticidad y plasticidad, por lo que estas se hacen más extensibles. Esto es especialmente beneficioso antes de iniciar los ejercicios de rehabilitación.

Otras ventajas de la termoterapia es que reducen la rigidez articular y mejoran el espasmo muscular.

La excepción está en el caso de dolor cervical, dorsalgia o lumbalgia, cuando sí debe aplicarse calor desde el primer momento para relajar la musculatura.

El calor también es parte esencial en el tratamiento del dolor articular, sobre todo cuando se trata de dolencias crónicas como la artrosis de manos.

Los principales métodos de termoterapia son los siguientes:

  • Parches de calor. Se trata de unos parches térmicos que desprenden calor y que están especialmente diseñados para proporcionar alivio ante el dolor muscular, articular y menstrual. Estos parches de calor mantienen su efecto hasta ocho horas.
  • Compresas de calor. Consisten en unas bolsas de plástico herméticamente cerradas con material gelatinoso que se calientan en el microondas. La sustancia de gel permite adaptar las compresas a la zona a tratar. Se deben aplicar durante unos 15 ó 20 minutos en la zona afectada.
  • Crema de efecto calor. Estos productos están formulados en textura gel o crema y proporcionan una sensación de calor gracias a ingredientes como el alcanfor. Deben aplicarse en forma de masaje o fricciones.
  • Baño de parafina. Los baños de parafina se utilizan sobre todo para tratar el dolor articular en lesiones de manos, muñecas, pies y tobillos. Este método consiste en sumergir el área afectada en un tanque de parafina durante unos segundos y repetir el proceso hasta que se forma una capa gruesa. A continuación se recubre la zona con una bolsa de plástico y una toalla, y se mantiene cubierta durante unos 15 minutos.
  • Esterilla eléctrica. Esta esterilla o almohadilla se calienta gracias a la energía eléctrica y se coloca en la zona de dolor durante 15 ó 20 minutos. Este método tiene la ventaja de que el dispositivo se puede graduar a distintas temperaturas.

Los métodos de termoterapia también pueden causar quemaduras cuando se utilizan de forma inadecuada, por lo que hay que seguir siempre las indicaciones del producto y respetar los tiempos de aplicación.

 

Combinación de frío y calor

En la fase subaguda de una lesión, se puede recurrir a la combinación de frío y calor para el tratamiento del dolor

Este método se emplea sobre todo antes de iniciar los ejercicios de rehabilitación en los esguinces de tobillo, las fracturas de pie y tobillo y todo tipo de lesiones que cursan con inflamación y edema.

De hecho, en fisioterapia es habitual utilizar los baños de contraste en el momento de retirar la inmovilización de la parte afectada. Estos baños consisten en alternar inmersiones en agua caliente y agua fría. 

El frío y el calor también pueden ser eficaces en otras dolencias, como por ejemplo el dolor mamario. En este caso se recomienda utilizar compresas frías y/o calientes, o una combinación de ambas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

Arenas, J. Crioterapia y termoterapia en las lesiones del aparato locomotor [en línea]. Offarm, 2002. <https://www.elsevier.es/es-revista-offarm-4-articulo-crioterapia-termoterapia-las-lesiones-del-13027036>

Pavez, F.J. Agentes físicos superficiales y dolor: Análisis de su eficacia a la luz de la evidencia científica [en línea]. Revista de la Sociedad Española del Dolor, 2009. <http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1134-80462009000300006&script=sci_abstract&tlng=es>

 

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