La importancia del hierro en el sistema inmunológico

16 diciembre 2019 | Salud infantil

La importancia del hierro en el sistema inmunológico

El hierro es un elemento fundamental para el normal desarrollo del sistema inmunitario y su adecuado funcionamiento. Tanto es así, que la ferropenia puede afectar notablemente a la capacidad del organismo para generar una respuesta ante agentes infecciosos. 

Esto se debe a que el hierro es un mineral esencial para la proliferación y la maduración de las células inmunitarias. Como consecuencia, su déficit provoca un menor recuento de todos los leucocitos, así como una reducción en su capacidad para neutralizar patógenos.

Entre las diferentes células inmunitarias, los linfocitos son los que se ven especialmente afectados por esta falta de hierro. Este tipo de glóbulos blancos son los que permiten que el cuerpo recuerde y reconozca a invasores previos, ayudando a destruirlos.

Paralelamente, la ferropenia puede provocar una menor respuesta cutánea a antígenos. Esto implica que la barrera protectora de la piel, que actúa como un escudo natural ante las agresiones externas, pierda parte de su función defensiva.

Otra consecuencia de la deficiencia de hierro en el sistema inmune tiene que ver con los radicales libres. La ferropenia se ha asociado a un aumento de estas moléculas inestables y dañinas para el organismo, por lo que podría contribuir al incremento de diferentes patologías.

Respecto a estas enfermedades por falta de hierro, se ha observado sobre todo un vínculo entre la falta de este micronutriente y las afecciones gastrointestinales y respiratorias.

Bebés, niños, adolescentes y mujeres jóvenes son colectivos susceptibles a sufrir un déficit de hierro.

Las mujeres son especialmente vulnerables a presentar ferropenia en diferentes etapas de su vida. En la pubertad, las pérdidas menstruales pueden provocar unos bajos niveles de hierro, mientras que la anemia en el embarazo es habitual por las necesidades aumentadas de este nutriente durante la gestación. Asimismo, las pérdidas de sangre en el parto (sobre todo, cuando se trata de una cesárea) pueden provocar una deficiencia de hierro significativa.

Otro grupo poblacional susceptible de sufrir ferropenia son las personas que siguen una dieta vegetariana o vegana sin supervisión de un nutricionista ni los controles médicos pertinentes.

No obstante, quizás el colectivo más vulnerable es el de los bebés, niños y adolescentes. Esto se debe a que la falta de este nutriente puede provocar alteraciones cognitivas, motoras y de conducta, así como en el rendimiento físico y el ritmo del sueño, entre otras. Además, puede ser causa de un menor crecimiento corporal.

Cabe tener en cuenta que la deficiencia inmunológica causada por el déficit de hierro agrava la situación de déficit de inmunidad propia de los niños más pequeños. Es decir, de quienes tienen el sistema inmune en pleno desarrollo y, por consiguiente, aún ‘inmaduro’. Esta circunstancia cobra especial relevancia en prematuros, lactantes o niños que empiezan la escuela infantil.

En estos últimos, es habitual que se cree un círculo vicioso entre infecciones y ferropenia difícil de romper debido a las siguientes circunstancias.

Las infecciones bacterianas suelen ser recurrentes en los niños al entrar en el jardín de infancia o el parvulario. Esto provoca que el organismo, para dificultar la proliferación de estos microorganismos, reduzca la circulación de hierro en sangre como mecanismo de defensa.

El problema es que el malestar por el proceso infeccioso suele ir acompañado por una pérdida de apetito, con lo que se suele agravar la ferropenia. Esto, a su vez, debilita el sistema inmune de los más pequeños y los deja más expuestos a nuevas infecciones.

En el caso de los adolescentes, no se debe olvidar que sus necesidades de hierro están aumentadas al tratarse de una etapa de crecimiento acelerada y de cambios en la composición corporal. Además, sus niveles de hierro en sangre pueden verse afectados por malos hábitos alimentarios, una actividad física intensa o dietas restrictivas.

Por todo ello, es fundamental que las necesidades de hierro en la infancia y la adolescencia estén adecuadamente cubiertas.

Las cantidades recomendadas de este mineral se deberían conseguir, en primera instancia, a través de una dieta equilibrada que incluya alimentos ricos en hierro como carnes, aves, pescados, mariscos, verduras de hoja verde o legumbres.

Sin embargo, en caso de deficiencia, se aconseja recurrir a los suplementos de hierro mientras se van mejorando progresivamente los hábitos alimentarios. Uno de los motivos es que se ha observado que la frecuencia de los episodios infecciosos disminuye cuando se corrige la falta de hierro a través de la suplementación.  

El aporte extra de este mineral variará en función de la gravedad del déficit y las particularidades de cada persona, por lo que se deberá iniciar tras una evaluación por parte del médico.

Consecuencias del exceso de hierro

Más allá de las infecciones y enfermedades causadas por la falta de hierro, se sabe que el exceso de este mineral también puede ser perjudicial para la salud.

Cabe tener en cuenta que este micronutriente es esencial para la proliferación de muchas bacterias, parásitos y células neoplásicas, por lo que un exceso de hierro parece facilitar el desarrollo de infecciones.

De este modo, se deben evitar tanto los estados de déficit de hierro como de sobrecarga.

Nutrientes clave para el sistema inmunitario

Más allá del hierro, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria reconoce que algunas vitaminas y minerales son esenciales para el correcto funcionamiento del sistema inmunitario.

Esto implica que, en caso de carencia o necesidades aumentadas, la suplementación de los siguientes nutrientes podría mejorar el sistema inmunitario.

  • Vitamina C. Además de favorecer la absorción de hierro, contribuye al normal funcionamiento del sistema inmunitario. Esto parece ser gracias a su acción antivírica y su implicación en la formación de colágeno, que constituye también una barrera natural contra las infecciones. Otro papel importante de la vitamina C en el sistema inmunológico tiene que ver con la protección de las células frente al daño oxidativo.
  • Vitaminas del grupo B. Una carencia de estas vitaminas puede ser causa directa de anemia. Además, se han descrito alteraciones del sistema inmunológico asociadas al déficit de estos micronutrientes. Concretamente, unos niveles inadecuados de vitaminas del grupo B parecen mermar la respuesta inmune del organismo. Se trata de las vitaminas B1, B2, B3, B6, B12, ácido pantoténico (B5), biotina (B8) y ácido fólico (B9).

Otros minerales y vitaminas directamente relacionados con el sistema inmunológico son también la vitamina E, la vitamina A, el selenio, el zinc y los flavonoides.

Cabe señalar que una alimentación equilibrada es la clave para prevenir deficiencias nutricionales. No obstante, en circunstancias donde las necesidades de ciertos nutrientes estén aumentadas o haya una carencia concreta, los suplementos de vitaminas y minerales pueden ayudar a conseguir los niveles adecuados.

Asimismo, ante la demanda frecuente respecto a “qué tomar para subir las defensas”, se debe insistir en que la suplementación con nutrientes específicos debe ser revisada siempre por un profesional de la salud. Sobre todo, porque los excesos de nutrientes tampoco están exentos de riesgo.

Bibliografía

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