La falta de apetito en los niños

7 abril 2021 | Salud infantil

La falta de apetito en los niños

La falta de apetito en los niños es un motivo de consulta muy frecuente en las consultas pediátricas y las oficinas de farmacia. 

Esta preocupación suele iniciarse alrededor de los seis meses de vida del bebé, coincidiendo con la introducción de la alimentación complementaria. 

En ocasiones, esta falta de apetito en los niños es simplemente una apreciación errónea de los padres, quienes creen que su hijo no come lo suficiente para cubrir sus necesidades de crecimiento. Es lo que se conoce como falsa anorexia.

La verdad es que, a partir de los seis meses, tiene lugar una desaceleración del crecimiento totalmente normal que conlleva una disminución de las necesidades de energía y nutrientes específicos en relación con el tamaño corporal. 

El desconocimiento de este hecho puede provocar la percepción que se trata de un que niño no quiere comer, cuando en realidad no es así.

Otras veces la inapetencia en niños sí es un hecho objetivo y existe una dificultad persistente para comer adecuadamente y una incapacidad para aumentar de peso de forma significativa.

¿Por qué no tiene apetito un niño? 

Las causas de la falta de apetito en niños pueden ser muy diversas. Por lo general, se estima que solo el 20-35% de la anorexia en la infancia se debe a causas orgánicas, mientras que más del 50% tiene un origen de tipo psicológico, familiar o social.

Entre la inapetencia por causas orgánicas, destacan las infecciones como pueden ser los resfriados, las gastroenteritis o las infecciones del tracto urinario. De este modo, la falta de apetito es normal cuando los pequeños están enfermos o en periodo de convalecencia.

Por su parte, las molestias por la erupción dental también pueden causar una inapetencia temporal.

Otra causa de tipo orgánico puede ser la falta de hierro o ferropenia, pues se trata de una de las principales carencias nutricionales en niños.

También debe tenerse en cuenta que ciertas afecciones digestivas como las intolerancias, la celiaquía y la enfermedad inflamatoria intestinal puede dar lugar a niños que no comen suficientemente. 

Otras patologías menos frecuentes pueden provocar igualmente inapetencia en los niños. Entre ellas, el hipertiroidismo, la diabetes insípida, la artritis reumatoide juvenil y la fiebre reumática. Del mismo modo, cualquier patología mental puede ir asociada a una anorexia.

Otras veces, la falta de apetito en los niños puede estar provocada por el consumo de ciertos fármacos.

Entre los medicamentos que pueden favorecer la aparición de anorexia, los más usados en la infancia son: antihistamínicos, codeína, dextrometorfan, dimemorfan, efedrina, pseudoefedrina, metilfenidato y claritromicina. También debe considerarse una posible sobredosificación de vitaminas A y D.

A partir de ahí, la falta de apetito suele deberse a causas psicogénicas que pueden presentarse de forma simple y transitoria, o bien ser más complejas y cronificarse. 

De este modo, es frecuente que aparezca inapetencia ante la disminución de tomas de leche materna (anorexia por destete), o bien ante el nacimiento de un nuevo hermano, la entrada en la escuela infantil o la interrupción del contacto con la madre (anorexia psicosocial).

 

La falta de apetito en niños suele estar provocada por una actitud inadecuada de los padres respecto a la alimentación del pequeño. 

No obstante, la falta de apetito en niños más prevalente en los países desarrollados es la conocida como anorexia reactiva, simple o conductual. Esta suele aparecer cuando los padres no reconocen los signos del pequeño en relación al hambre o a la saciedad, se le fuerza a comer o no se le permite tocar la comida o que coma solo por temor a que manche.

Ante esta actitud de los padres, el niño presenta una animadversión hacia la comida que puede traducirse en distintas formas: el niño puede rechazar un alimento en concreto, no querer comer con determinadas personas o enlentecer provocativamente la toma.

Qué hacer cuando un niño no quiere comer

Ante un niño que no quiere comer, es fundamental actuar rápido para prevenir carencias energéticas y nutricionales que puedan afectar a su óptimo desarrollo y crecimiento, así como condicionar su salud a corto, medio y largo plazo.

En ese sentido, el paso a seguir ante un caso de inapetencia infantil, sería el siguiente.

- Determinar la causa de inapetencia en el niño. Antes que nada, hay que valorar si se trata de una falsa anorexia o realmente existe un problema de inapetencia. De ser así, es fundamental determinar si hay una causa orgánica que la justifique e iniciar el tratamiento preciso.

- Iniciar una dieta adecuada. Es importante asegurarse de que el niño está siguiendo una dieta saludable y que cubra todas las necesidades energéticas y nutricionales según la etapa en la que se encuentre.

En caso de un estancamiento en la ganancia de peso, se recomienda una alimentación en la que predominen los alimentos hipercalóricos. Preferiblemente, grasas saludables como pueden ser los huevos, los frutos secos (molidos o en crema, en menores de cinco años).

También se aconseja excluir los alimentos que el niño haya rechazado con frecuencia.

Los suplementos proteico-calóricos pueden probarse, pero los más pequeños suelen rechazarlos.

- Evitar los fármacos anorexígenos. En la medida de lo posible, se deben suspender los medicamentos que pueden provocar inapetencia. 

- Modificar el comportamiento alimentario. Es fundamental identificar los malos hábitos que han podido provocar una anorexia reactiva en el niño e ir corrigiéndolos progresivamente. Entre las principales medidas recomendadas destacan respetar el apetito del niño y establecer un buen ambiente alimentario. Esto incluye fijar el lugar de la comida, el tiempo asignado (no más de 30 minutos), los alimentos y su orden, etc. 

Si existe una falta de apetito importante, se puede usar el alimento preferido como base para ir luego incorporando otras comidas, facilitar que coma con la familia y sin la ausencia de elementos distractores (TV, tabletas, móviles, etc.).

Cabe recordar que los niños observan y repiten las actitudes de los padres, por lo que estos deben dar ejemplo y seguir las mismas normas. 

Nunca hay que forzar el niño a comer amenazándolo con castigos o prometiéndole recompensas.

Si rechaza el plato principal, insistir 5 minutos más y después pasar al postre. No se debe preparar otro plato en sustitución ni mostrar inquietud ante su negativa a comer.  

- Buscar apoyo psicosocial. Los padres pueden encontrar en la escuela infantil o el colegio un aliado para revertir la falta de apetito en los niños. Sobre todo, cuando el ambiente familiar es tenso y es únicamente en estos espacios donde puede tener lugar una alimentación plácida.

- Tomar suplementos nutricionales. En caso de que existan deficiencias nutricionales, puede estar indicado el consumo de suplementos que aporten el nutriente carencial. También cuando los pequeños están experimentando una falta de apetito persistente que no se corrige con las soluciones anteriores.

Los complementos nutricionales que más se prescriben en niños suelen ser los de hierro, vitamina D, calcio y DHA.

Asimismo, en épocas de mayor actividad física, puede recomendarse reforzar la alimentación con un multivitamínico.

En cualquier caso, los suplementos nutricionales no deben reemplazar la comida.

También debe alertarse de que el exceso de ciertos nutrientes pueden producir toxicidad, además de agravar el problema (por ejemplo, en el caso de sobredosificación de vitaminas A y D). 

- Emplear un estimulante del apetito para niños. En ciertos casos, puede ser aconsejable el uso de un estimulante del apetito. Se trata de medicamentos que se emplean para ‘abrir’ el apetito en niños y como tratamiento sintomático de la anorexia infantil.

La lisina y la carnitina son dos de los principios activos más presentes en la formulación de estos estimuladores del apetito. Ambos intervienen en la oxidación de los ácidos grasos y el metabolismo de los hidratos de carbono, entre otras funciones.

Estos medicamentos no se deben emplear en niños menores de dos años. 

Si a pesar de todas estas medidas, la falta de apetito persiste, se debe consultar nuevamente con el pediatra.

Bibliografía

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Martín-Aragón, S. El niño que no come [en línea]. Farmacia Profesional, 2007. <https://www.elsevier.es/es-revista-farmacia-profesional-3-articulo-el-nino-que-no-come-13111653>

Suárez, L. Manual práctico de Nutrición en Pediatría [en línea]. Asociación Española de Pediatría, 2007. <https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/manual_nutricion.pdf>

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