Las principales carencias nutricionales en niños pequeños

22 febrero 2021 | Salud infantil

Las principales carencias nutricionales en niños pequeños

Las pautas de alimentación de los 0 a los 3 años experimentan cambios frecuentes y secuenciales para adaptarse al ritmo de crecimiento y los requerimientos energéticos y nutricionales de los más pequeños en cada etapa.

En los primeros seis meses de vida, las reservas adquiridas durante la gestación y la lactancia materna o artificial suelen ser suficientes para cubrir todos los requerimientos de los bebés. De ahí que no sea habitual observar carencias nutricionales en niños sanos durante esta primera etapa.

En los bebés que toman pecho, la nutrición en la lactancia por parte de la madre juega un papel importante a la hora de asegurar un óptimo estado de salud y crecimiento del neonato.

Por su parte, en los bebés alimentados con lactancia artificial, hay que asegurarse de que se está utilizando una fórmula apropiada. Esto es especialmente importante en el caso de los prematuros, cuyas fórmulas deben hacer frente a sus necesidades cuantitativas y cualitativas en nutrientes específicos. 

El primer gran cambio en la dieta llega con la alimentación del bebé a los 6 meses. En este momento, algunas reservas de nutrientes pueden estar al límite. 

La combinación de leche materna o de fórmula junto a la progresiva introducción de alimentos deberían lograr una cobertura adecuada de los nutrientes necesarios para el crecimiento y desarrollo del bebé hasta el año.

Sin embargo, existen diferentes factores que pueden hacer que la alimentación a partir de los 6 meses no consiga los niveles adecuados de vitaminas y minerales esenciales. 

Entre ellos, una poca diversificación dietética, las dietas restrictivas (dietas sin gluten, sin lácteos, cetogénica, vegetariana, vegana, macrobiótica, etc.), una introducción precoz, tardía o inadecuada de la alimentación complementaria, en cantidad y calidad según la edad del niño, y factores socio-familiares como el conocimiento sobre las recomendaciones científicas por parte de los padres.

Las deficiencias de vitaminas y minerales en niños pueden tener consecuencias a medio y largo plazo.

Con el primer aniversario del bebé, la leche sigue siendo un alimento básico, pero irá perdiendo peso gradualmente respecto a otros.

En el caso de los bebés con lactancia artificial, la recomendación actual es sustituir la fórmula por leche de vaca. Esto implica que, a partir de este momento, desaparece la fortificación en vitaminas y minerales que aportaba la lactancia artificial.

En esta etapa, además, los niños pueden volverse más selectivos con la comida: ingieren una variedad limitada de alimentos, tienen una preferencia por los líquidos respecto a los sólidos y/o rechazan la mayoría de nuevos alimentos.

Este factor, junto a los mencionados anteriormente, pueden hacer que la alimentación del bebé de 1 año pueda implicar carencias nutricionales

Tras el periodo del lactante, entre los 2 y 3 años, empieza una etapa muy dinámica por lo que respecta al crecimiento, el desarrollo psicomotor, los requerimientos nutricionales y la variedad en los tipos de alimentos.

Por este motivo, el equilibrio nutricional en cuanto a los micronutrientes se puede ver afectado con facilidad, si los aportes no son los apropiados.

Los datos indican que, en España, la alimentación en menores de 3 años es excesiva en proteínas de origen animal y pobre en pescado, verduras y frutas.

Paralelamente, en la etapa preescolar, la alimentación de los niños se ve muy influenciada por el ejemplo de los adultos.

Los pequeños comienzan a adquirir preferencias, aversiones y hábitos que serán difíciles de modificar hasta etapas posteriores, por lo que el establecimiento de patrones saludables en esta edad es de crucial importancia.

Hay que tener en cuenta que los malos hábitos adquiridos en este periodo pueden tener consecuencias y repercusiones en el medio y largo plazo, observándose carencias nutriciones en los niños que se pueden perpetuar durante toda la infancia e incluso la adolescencia.

 

Deficiencias de vitaminas y minerales en niños

La falta de hierro en los niños es el déficit nutricional más frecuente entre los niños menores de tres años.

El calcio es otro mineral cuyos niveles pueden estar bajos en esta primera etapa de la infancia.

Por lo que respecta a la deficiencia de vitaminas en niños, la falta de vitamina D es la más habitual.

Recientemente, también se ha centrado la atención en la importancia de aumentar la ingesta de DHA en la primera infancia.

- Hierro. Las necesidades de hierro en la infancia están aumentadas y es necesario el aporte adecuado de este mineral para la salud y el adecuado desarrollo de los niños.

No obstante, la deficiencia de hierro es la carencia nutricional de mayor prevalencia en la primera infancia en los países desarrollados.

El principal riesgo de la falta de este mineral es que puede causar una anemia ferropénica, con las implicaciones para la salud que esta conlleva.

Pero hay que recordar también la importancia del hierro en el sistema inmunológico, el neurodesarrollo y el crecimiento de los más pequeños.

Mejorar los niveles de este mineral durante la gestación y evitar el pinzamiento precoz del cordón umbilical son medidas útiles para incrementar los depósitos de este mineral en los recién nacidos y prevenir la falta de hierro en niños.

A partir de ahí, la alimentación de los 6 meses a los 3 años debe incluir alimentos ricos en hierro, como carne, aves, pescado, legumbres, huevos o cereales fortificados.

Estos se deben combinar preferiblemente con frutas y hortalizas que sean ricas en vitamina C, ya que favorecen la absorción del hierro. Por el contrario, hay que procurar separarlos de alimentos que contengan inhibidores de la absorción de este mineral (calcio, fosfatos, fitatos, taninos, fibra), como por ejemplo la leche de vaca, el cacao o las verduras.

Paralelamente, la suplementación con hierro puede estar indicada en prematuros, niños con factores de riesgo y en caso de anemia o bajos niveles de este mineral.

- Calcio. El crecimiento de masa ósea ocurre principalmente durante la infancia. Por ello, es fundamental asegurar un aporte adecuado de calcio en los niños.

Además, este mineral también es clave para la conducción nerviosa, la contractilidad cardíaca, el tono muscular, la coagulación, las reacciones enzimáticas y la secreción hormonal, entre otras funciones.

Para prevenir su deficiencia, lo más importante es seguir unas pautas alimentarias que favorezcan su absorción.

Las principales recomendaciones son tomar leche y/o productos lácteos dos veces al día y tener una dieta rica en frutas y verduras, ya que favorecen la retención del calcio.

Por el contrario, se deberían evitar las bebidas carbonatadas y limitar el consumo de cacao al interferir en su absorción.

Se recomiendan los alimentos enriquecidos o fortificados con calcio (junto con vitamina D) en niños con riesgo de menor mineralización ósea por prematuridad, dieta inadecuada, malnutrición, alergias alimentarias o ciertas condiciones médicas.

Vitamina D. En los últimos años hay una creciente preocupación por el aumento en la prevalencia del déficit de vitamina D en niños

Las causas de esta deficiencia parecen estar relacionadas con la disminución de la exposición solar como medida de prevención para el cáncer de piel, pero también por un mayor sedentarismo.

Más allá de afectar al metabolismo óseo, la falta de vitamina D en niños también se relaciona con repercusiones sobre el sistema inmune. 

Los niveles de vitamina D en los niños dependen principalmente de la síntesis cutánea inducida por el sol y, en una escasa cuantía, de la cantidad aportada por la dieta.

Por ello, es importante fomentar las actividades al aire libre, con una exposición solar prudente, y asegurar la presencia en la dieta de alimentos ricos en vitamina D (pescado azul, huevos, leche, setas, etc.).

En la lactancia materna, la cantidad de esta vitamina depende de las reservas maternas durante la gestación y la alimentación y la exposición solar de la madre durante la lactancia.

Actualmente, se prescribe la suplementación con vitamina D en todos los menores de 12 meses y en los mayores de esta edad cuando existen factores de riesgo.

- DHA. Hoy en día, diferentes entidades científicas recomiendan aumentar la ingesta de ácidos grasos, concretamente DHA, en embarazadas, madres lactantes y niños en la primera infancia.

Sobre todo, en el caso de prematuros, neonatos y lactantes alimentados con fórmula artificial, así como en los pequeños con patologías que puedan favorecer su déficit.

El DHA es importante para el desarrollo óptimo del cerebro, la retina y el oído de los niños así como para el sistema inmune y nervioso.

Por este motivo, es conveniente asegurar los aportes de DHA en los bebés al menos hasta la introducción de alimentos como el pescado, los huevos, nueces, semillas y aceites vegetales.  

Para ello, es habitual que se recomiende la suplementación con DHA en las madres que amamantan e incluso en menores de un año. Sobre todo, si la dieta es pobre en alimentos ricos en DHA.

 

Existen otras posibles deficiencias de vitaminas y minerales en niños de 0 a 3 años. Sin embargo, suelen estar asociadas casi siempre a patologías o circunstancias específicas. Es el caso, por ejemplo, del zinc, el magnesio, el cobre, el selenio y las vitaminas del complejo B.

 

Bibliografía

Campos, R, Gómez, C. et alt. Diagnóstico del déficit nutricional y su tratamiento en niños menores de 3 años. Guía práctica en Pediatría de Atención Primaria [en línea]. Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria, 2015. <https://www.sepeap.org/wp-content/uploads/2015/10/Guia-Pr%C3%A1ctica-en-Pediatria-de-Atenci%C3%B3n-Primaria.pdf>

Moráis, A. Martínez, V. et alt. Problemas nutricionales percibidos por los pediatras en niños españoles menores de 3 años [en línea]. Nutrición hospitalaria, 2012. < http://scielo.isciii.es/pdf/nh/v27n6/33original22.pdf >

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