Cualquier tipo de dolor constituye una señal de alerta del organismo. Es el mecanismo mediante el cual el cuerpo advierte de que se está produciendo alguna alteración. Sin embargo, no todos los dolores son iguales.
En ese sentido, identificar si se trata de un dolor muscular, articular o neuropático es clave para poder determinar la causa e iniciar el tratamiento más adecuado.
Aunque en ocasiones los tres tipos de dolores pueden coexistir, cada uno presenta síntomas específicos.
Saber diferenciarlos no solo ayuda a aliviar las molestias, sino también a actuar de forma precoz y prevenir complicaciones.
El dolor muscular (mialgia) es probablemente el tipo de dolor más frecuente.
El dolor muscular tiende a describirse con los siguientes síntomas:
Este tipo de dolor aparece como consecuencia de una sobrecarga o exigencia excesiva de un grupo de fibras musculares, por lo que las causas pueden ser muy diversas.
Entre ellas, el ejercicio físico intenso, una mala postura sostenida en el tiempo, movimientos repetitivos, el estrés o incluso una infección viral.
Así pues, el dolor muscular puede aparecer en forma de agujetas, lesiones musculares por el deporte o una contractura en el cuello por tensión emocional.
También suele ser el origen de diferentes tipos de dolor de espalda, entre ellos la lumbalgia.
La aplicación de frío para el dolor muscular debería ser la primera opción cuando este se acompaña de inflamación aguda, ya que el frío reduce el flujo sanguíneo y la hinchazón.
En caso de contracturas, espasmos, a partir de las 48 y las 72 horas posteriores a la aparición de la lesión o si se trata de un dolor crónico, es más recomendable la aplicación de calor local, ya que este relaja los músculos, mejora el flujo sanguíneo y alivia la rigidez.
Asimismo, se recomienda hacer un reposo relativo y auto masajear la zona con cremas para contracturas musculares.
Paralelamente, hay ejercicios específicos para aliviar el dolor muscular y, de ser necesario, se pueden tomar antiinflamatorios de venta libre como el ibuprofeno.
El dolor articular (artralgia) se localiza en las articulaciones. Es decir, en los puntos de unión entre los huesos.
También puede provenir de estructuras cercanas como los ligamentos, los tendones y los cartílagos.
El dolor de rodilla, cadera, hombros, muñecas y dedos (entre otros, la artrosis de mano) suelen ser los más habituales.
El dolor en las articulaciones suele presentar los siguientes síntomas:
El dolor articular puede estar relacionado con sobrecargas, lesiones, desgaste del cartílago (artrosis), inflamación (artritis) o enfermedades reumáticas.
La aplicación de calor para la artrosis y otras dolencias articulares es la primera medida que se puede realizar en casa.
Otros consejos para reducir el dolor articular son intentar no forzar la articulación afectada y tomar analgésicos como el paracetamol o el ibuprofeno.
El dolor muscular, articular y neuropático se manifiesta con síntomas distintos, pero a veces pueden resultar confusos o solaparse entre sí.
El dolor neuropático se produce por una lesión o alteración del sistema nervioso, ya sea de los nervios periféricos o del sistema nervioso central.
Como consecuencia, los nervios están pinzados, irritados o inflamados.
El dolor neuropático suele manifestarse con los siguientes síntomas:
Las causas del dolor neuropático pueden ser muy variadas.
Entre ellas, destacan las compresiones nerviosas, como pasa en el caso de la ciática, las hernias discales o el síndrome del túnel carpiano.
Otra posible causa es una lesión o daño en los nervios por enfermedades o infecciones. Por ejemplo, la neuropatía diabética por diabetes o la neuralgia postherpética por herpes zóster.
El dolor neuropático también puede desarrollarse después de una cirugía en la que se amputa o extirpa una parte del cuerpo (dolor fantasma) o un traumatismo directo.
La quimioterapia, por su parte, es otro factor que puede desencadenar la aparición de dolor neuropático.
Asimismo, el consumo excesivo de alcohol y la deficiencia de vitamina B12 son otras causas que pueden estar detrás de este tipo de dolor.
El dolor neuropático no mejora con reposo ni con la aplicación de calor o frío. Tampoco con analgésicos comunes.
Por ello, además de consultar con el médico, hay que intentar cuidar el estilo de vida. Esto implica disminuir el estrés, tener una buena higiene del sueño y realizar ejercicio físico suave.
Más allá de conocer las diferencias entre el dolor muscular, articular y neuropático, es fundamental insistir en que cada uno requerirá de un tratamiento específico.
Mientras que un dolor muscular leve puede mejorar con medidas físicas y autocuidado, el dolor articular o neuropático suele implicar un abordaje mucho más complejo.
De ahí que sea tan importante poder consultar con un médico o fisioterapeuta para valorar cada caso de forma individualizada.
Además, a veces el diagnóstico no es tan sencillo porque los síntomas pueden ser confusos, como en el caso de la llamada falsa ciática.
Paralelamente, es posible experimentar diferentes tipos de dolor al mismo tiempo.
Por ejemplo, una hernia discal puede provocar dolor neuropático (por compresión nerviosa) y dolor muscular secundario por contractura.
Además, estos tipos de dolores suelen ocasionar un dolor crónico en las personas de la tercera edad, por lo que el control por parte de un especialista es esencial en esta población.
Finalmente, hay que consultar siempre con urgencia si el dolor es intenso o incapacitante, no mejora con los días, aparece tras un traumatismo, se acompaña de pérdida de fuerza, falta de sensibilidad, inflamación importante y/o fiebre o interfiere con el descanso nocturno.
En conclusión, el dolor muscular, articular y neuropático no debe normalizarse ni ignorarse.
Al mismo tiempo, entender qué tipo de dolor se está experimentando permite actuar con mayor criterio y buscar el apoyo adecuado.
A modo de resumen, las particularidades del dolor muscular es que se localiza en el músculo, mejora con reposo y suele aparecer por una sobrecarga o esfuerzo.
El dolor articular, en cambio, afecta a las articulaciones, puede acompañarse de rigidez o inflamación y suele empeorar al iniciar el movimiento o al cargar peso.
Finalmente, el dolor neuropático se origina en el sistema nervioso y se caracteriza por sensaciones como quemazón, descargas eléctricas u hormigueo.
Autor: Laboratorios Viñas, departamento científico.
Saez, N. Dolor nervioso, articular y muscular: claves para diferenciar el origen de tu molestia [en línea]. Fisioreact, 2025. <https://fisioreact.com/blog/dolor-muscular-articular-nervioso/>
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