Las infecciones en la piel más frecuentes en niños

14 noviembre 2021 | Salud infantil

Las infecciones en la piel más frecuentes en niños

Las infecciones en la piel provocadas por virus son el grupo de enfermedades contagiosas más frecuentes en la infancia.

Los niños, sobre todo los más pequeños, son especialmente vulnerables a este tipo de infecciones cutáneas debido a la inmadurez inmunológica propia de esta etapa.

Las enfermedades causadas por un virus pueden manifestarse en la piel de dos formas distintas.

En la primera, es el propio virus el que provoca las lesiones cutáneas, las cuales son de tipo nodular (redondeadas y de pequeño tamaño) o vesicular (ampollas llenas de líquido), además de potencialmente contagiosas.

En la segunda, en cambio, se trata de una reacción inmune al virus en la que aparece una erupción difusa de color rosáceo. Estas manchas, en cambio, no contagian el virus.

Asimismo, estas enfermedades virales de la piel pueden contraerse de distintas maneras: por inoculación directa del virus (mediante el contacto piel con piel o con objetos contaminados), a partir de una infección sistémica, o bien por la reactivación de un virus latente.

Las enfermedades virales de la piel en la infancia

Existen múltiples enfermedades cutáneas de origen viral. Sin embargo, las infecciones de la piel más frecuentes en la infancia son las causadas por el virus del herpes simple, el virus del papiloma humano (verrugas), los poxvirus (molusco contagioso), los enterovirus (enfermedad boca-mano-pie) y el virus varicela zóster.

Herpes simple

El virus del herpes simple (VHS) de tipo 1 es el que afecta a la piel de los niños con más frecuencia.

La primera transmisión de este virus se produce por el contacto con una mucosa o piel lesionada, o compartiendo utensilios para comer, toallas u otros objetos con una persona infectada. Suele darse en niños de entre 10 meses y 5 años.

Este primer contacto con el virus provoca fiebre alta, dolor muscular y articular, malestar general, dolor de boca y garganta e inflamación de los ganglios submandibulares y/o cervicales. Al poco tiempo le sigue la aparición de ampollas dolorosas en los labios, las encías, el paladar y/o la lengua.

Después de unos días, estas ampollas se convierten en aftas o úlceras y suelen empezar a supurar para luego formar una costra y curarse por completo en un plazo de 2 a 3 semanas.

Una vez se produce esta primera infección, el herpes en niños permanece latente y puede reactivarse si se dan factores desencadenantes como traumatismos, exposición solar, temperaturas extremas, estrés, inmunosupresión o fluctuaciones hormonales como la menstruación, en el caso de las niñas adolescentes.

Sin embargo, estos brotes de herpes suelen provocar menos síntomas comparados con los de la primera infección.

Al principio aparece dolor, quemazón, picor o sensación de hormigueo en la zona de los labios y poco después aparecen las ampollas características de este virus, conocidas popularmente como ‘calenturas’.

Como afecta principalmente a la zona del bermellón de los labios, se suele hacer referencia a este virus como el herpes labial en niños. Sin embargo, puede aparecer en otras partes de la cara como alrededor de la boca y la nariz.

El tratamiento del virus del herpes simple suele ir dirigido a aliviar los síntomas. Rara vez se recurre al tratamiento antiviral en niños pequeños.

Sin embargo, el herpes bucal en niños puede complicarse si hay una sobreinfección bacteriana.

Las infecciones de la piel en niños más frecuentes son el herpes labial, las verrugas, los moluscos contagiosos y la enfermedad mano-pie-boca.

 

Verrugas

Las verrugas en los niños están causadas por los virus del papiloma humano (VPH).

Se estima que el 33% de los niños en primaria presentará verrugas vulgares en algún momento, por lo que es una de las enfermedades de la piel contagiosas más frecuentes en la infancia.

El virus que causa las verrugas puede ingresar por primera vez en el organismo a través de cortes o rasguños. A partir de ese momento, se empieza a desarrollar una verruga, que puede crecer durante varios meses antes de que sea lo suficientemente grande como para que se vea.

De este modo, es poco probable saber dónde se entró en contacto por primera vez con el VPH.

Los niños pueden presentar distintos tipos de verrugas. Sin embargo, son especialmente frecuentes las verrugas en las uñas (verrugas periungueales), las rodillas, las manos y la planta de los pies (verrugas plantares).

Por lo general, las verrugas son lesiones abultadas, ovaladas, de superficie rugosa y del color de la piel.

Esta infección de la piel en los niños suele ser benigna y, con el tiempo, las verrugas desaparecen por sí solas. Por ello, se suele recomendar un tratamiento expectante.

El problema es que, a veces, hay verrugas que pican y/o duelen. Además, es complicado evitar que los pequeños se toquen, rasquen o froten las lesiones, por lo que pueden diseminar la infección y hacer que aparezcan nuevas lesiones en otras partes del cuerpo.

Tampoco hay que olvidar que, en función de su localización, pueden causar un malestar estético.

En estos casos, el tratamiento de elección es el ácido salicílico en concentraciones del 10 al 25% y la crioterapia. También puede usarse la electrocoagulación o la tretinoína al 0,4%.

 

Molusco contagioso

El molusco contagioso está causado por un virus que lleva su mismo nombre: el virus del molusco contagioso (VMC). Se trata de un virus de la familia de los poxvirus y el más frecuente es el de tipo 1.
Es una enfermedad de la piel muy contagiosa y se propaga rápida y fácilmente a través del contacto piel con piel o fómites contaminados. De hecho, es habitual que los niños la contraigan con equipamientos de gimnasio, con juguetes, en las piscinas o en los baños públicos. .
El molusco contagioso es de fácil autoinoculación, por lo que los niños suelen propagarlo a otras zonas de la piel.
Esta infección en la piel es especialmente frecuente en escolares, sobre todo menores de 8 años y con piel atópica.
El molusco contagioso en niños se caracteriza por la aparición de bultos pequeños en la piel (pápulas o nódulos) de menos de 6 milímetros de diámetro. Estos acostumbran a ser de color ‘carne’ o bien adquirir una tonalidad blanquecina o nacarada. Otra característica típica de estas lesiones es que tienen un pequeño hueco (forma umbilicada) o punto en la parte superior, cerca del centro.
En la mayoría de los casos, el molusco contagioso se observa en la cara, el cuello, las axilas, los brazos y las manos. Sin embargo, se puede presentar en cualquier parte del cuerpo.
Al ser de fácil autoinoculación, las lesiones suelen ser múltiples, pudiendo llegar a cientos. También pueden confluir formando placas.
Las protuberancias suelen desaparecer completamente en un año, pero en muchos casos puede estar indicado realizar un tratamiento para los moluscos contagiosos.
De ser así, los más frecuentes son el curetaje, la electrofulguración, la crioterapia, el pellizcamiento con pinza, el ácido tricloracético, la potasa cáusica y el ácido retinoico. No obstante, algunos de estos tratamientos pueden dejar cicatrices dermatológicas y psicológicas.
Asimismo, los inmunomoduladores como el imiquimod pueden ayudar a resolver la infección vírica.

 

Enfermedad mano-pie-boca

La enfermedad mano-pie-boca es una infección de la piel en niños causada habitualmente por el virus Coxsackie o el enterovirus 71, todos ellos del grupo de los enterovirus.

La mayoría de casos se presentan en pequeños menores de 10 años, teniendo su máxima incidencia entre el primer y tercer año de vida.  

El contagio de la enfermedad mano-pie-boca se produce por vía fecal-oral (al cambiar el pañal, por ejemplo, y no lavarse bien las manos), aérea (a través de secreciones de la nariz, la boca o las gotitas que se expulsan al toser, estornudar o hablar), o bien por el contacto con las secreciones de las ampollas.

Asimismo, el virus puede sobrevivir mucho tiempo en los objetos, facilitando su transmisión.

Los primeros síntomas de la enfermedad de mano-pie-boca suelen ser una fiebre moderada y malestar general. Es días después cuando aparece una erupción con pequeñas ampollas por fuera y por dentro de la boca (paladar, encías, lengua), palmas de las manos, planta de los pies y área del pañal.

Estas llagas o aftas no causan picor y se ulceran y curan al cabo de 5 o 10 días.

Por lo general, la enfermedad mano-pie-boca en niños tiene un carácter leve y no causa secuelas. No obstante, en ocasiones, puede provocar la caída de las uñas semanas después.

No hay un tratamiento específico para esta infección de la piel de origen vírico, pero se pueden administrar analgésicos para aliviar los síntomas.

La enfermedad mano-pie-boca puede contraerse más de una vez en la infancia, ya que puede estar causada por virus diferentes.

 

Varicela

La varicela es una infección causada por el virus de la varicela-zoster. Hasta no hace mucho tiempo, era una enfermedad contagiosa muy frecuente en la infancia. Sin embargo, gracias a la vacunación son cada vez menos los niños que la adquieren.

Esta infección vírica se caracteriza por una erupción en la piel, de forma generalizada, que pasa por diferentes fases.

Primero, aparecen bultos rojos o rosados elevados (pápulas) que pican y brotan durante varios días.

Luego, se transforman en pequeñas ampollas llenas de líquido (vesículas) que se forman en aproximadamente un día para luego romperse y drenarse. Cuando esto sucede, las heridas pueden causar sensación de ardor.

Finalmente, en la última fase aparecen costras que tardan varios días en curase.

Este sarpullido puede aparecer primero en la cara, el pecho y la espalda, y extenderse al resto del cuerpo.

Esta erupción suele ir acompañada de otros síntomas de varicela como fiebre, pérdida de apetito, dolor de cabeza, cansancio y sensación de malestar general.

Esta infección de la piel se propaga mediante contacto directo con el sarpullido, pero también cuando el niño con varicela tose, estornuda o habla y las demás personas inhalan las gotas que se encuentran suspendidas en el aire (aerosoles).

En general, la varicela es una enfermedad leve en la infancia. Además, la mayoría de los niños que tuvieron esta infección o se vacunaron contra la enfermedad obtienen inmunidad para toda la vida.

Algunas personas pueden contraerla otra vez, pero es poco frecuente. También es posible que niños que se hayan vacunado adquieran el virus. De ser así, los síntomas suelen ser más leves, con menos ampollas y fiebre leve o sin fiebre.

El mejor tratamiento para la varicela es la prevención mediante la vacunación contra el virus.

En niños no vacunados o que igualmente adquieren varicela, se suele dejar que la enfermedad siga su curso y solo se tratan los síntomas. Por ejemplo, con medicamentos para bajar la fiebre o antihistamínicos para aliviar el picor.

Para los niños que tienen un alto riesgo de sufrir complicaciones, se pueden prescribir antivirales.

En algunos casos, se puede recomendar vacunarse contra la varicela en un plazo de tres a cinco días después de haber estado expuesto al virus. El objetivo es ayudar a prevenir la enfermedad o disminuir su gravedad.

La particularidad del virus de la varicela-zóster es que permanece latente en las células de los nervios después de que se haya curado la infección de la piel. Esto significa que el virus puede reactivarse.

No obstante, cuando lo hace, resurge como herpes zóster, una infección viral de la piel que se caracteriza por la aparición de una franja de ampollas muy dolorosa que envuelve el lado izquierdo o derecho del torso. 

Afortunadamente, el herpes zóster en niños es raro, y suele limitarse a pequeños inmunodeprimidos. En adultos, en cambio, sí es más común, sobre todo a partir de los 50 años.

Las ampollas del herpes zóster son contagiosas y, si hay contacto directo, pueden transmitir la varicela en una persona no inmune o no vacunada.

Aunque las infecciones de la piel en niños más frecuentes son de origen vírico, no hay que olvidar que su inmadurez inmunológica los hace también más vulnerables a infecciones causadas por bacterias u hongos.

 

Autor: Laboratorios Viñas, departamento científico.

Bibliografía

Jiménez, R., Coronel, I.M., et Sánchez, I.C. Enfermedades víricas de la piel [en línea]. Pediatría Integral, 2016. <https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2016-04/enfermedades-viricas-la-piel/>

Redacción. Enfermedad mano-boca-pie [en línea]. En Familia. Asociación Española de Pediatría, 2014. <https://enfamilia.aeped.es/temas-salud/enfermedad-boca-mano-pie>

Martínez-Roig, A. et Moraga-Llop, F.A. Infecciones cutáneas de etiolgía vírica [en línea]. Pediatría integral, 2021. <https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2021-05/infecciones-cutaneas-de-etiologia-virica/>

Redacción. Varicela [en línea]. Mayo Clinic, 2019. <https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/chickenpox/symptoms-causes/syc-20351282>

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