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Cuidado muscular

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El sedentarismo y la edad son factores que conllevan una reducción acentuada de la fuerza en los músculos. Como consecuencia, puede aparecer un dolor muscular generalizado, o bien dolores musculares localizados tan comunes como la lumbalgia.

Asimismo, la pérdida de fuerza muscular también se relaciona con el dolor articular y otras patologías con una importante incidencia como son la artrosis o la osteoporosis.

No obstante, el cuidado muscular mediante la actividad física regular puede ayudar a aliviar estas dolencias de forma efectiva. Para ello, es necesario realizar ejercicios que ayuden a incrementar el tono y la fuerza muscular, así como a mejorar la funcionalidad del sistema músculo-esquelético. 

Lesiones musculares más habituales

Las lesiones musculares son muy frecuentes en el mundo del deporte. Los estudios epidemiológicos más recientes muestran que las lesiones musculares suponen más del 30% de todas las lesiones deportivas. En el fútbol la incidencia es más alta que en otros deportes profesionales, como el baloncesto o el balonmano.

La incidencia es más frecuente en las extremidades inferiores, aunque varía con la especialidad deportiva que se practique. Por ejemplo, en deportes como el atletismo o el fútbol es más frecuente la lesión isquiosural y su incidencia puede ser incluso 4 veces superior a la del cuádriceps y 5 a la de gemelos y aductores.

Los músculos afectados con mayor frecuencia son: cuádriceps, isquiosurales, gemelo medial y aductores. Con menor frecuencia se afectan: pared abdominal, glúteos, pectoral, músculos del brazo y antebrazo.

Diagnóstico de las lesiones musculares

El diagnóstico de las lesiones musculares se basa en la clínica, fundamentalmente en la sintomatología y especialmente en la anamnesis del mecanismo lesional, y en la exploración física (signos externos, palpación, evaluación del dolor en los distintos tipos de contracción del músculo afectado, valoración de la flexibilidad...).

Los estudios de imagen mediante la ecografía musculoesquelética y la resonancia magnética (RM) son complementarios y permiten confirmar el diagnóstico y obtener información exacta de la lesión muscular en relación con el tejido conectivo afectado, conociendo la gravedad de la lesión, la longitud de la herida y el pronóstico de días de baja.

Tipos de lesiones musculares

Las lesiones musculares, en función de la causa que las produce, se clasifican en dos tipos:

Lesiones musculares directas o extrínsecas, cuando son producidas por un traumatismo, como una contusión o una laceración, frecuentes en deportes de contacto o accidentes automovilísticos.

Lesiones musculares indirectas o intrínsecas, cuando tienen su origen en factores indirectos asociados a un sobreesfuerzo muscular y se producen por elongación generada por una contracción repentina del músculo.

Dentro de esta categoría de lesiones musculares, se incluyen dolencias leves como agujetas, contracturas provocadas por sobrecarga, o desgarros musculares completos que pueden requerir unos tres meses para su total curación.

Tratamiento de las lesiones musculares

El tratamiento de las lesiones musculares está basado en 3 fases: aguda, subaguda y reanudación del deporte específico. Para progresar de una fase a otra se deben alcanzar unos criterios que indican que el músculo está preparado para un estímulo superior. Por tanto, la durabilidad de cada fase no es estanca y dependerá de la progresión concreta de cada lesión.

Cómo prevenir las lesiones musculares

Una buena condición física y un buen entrenamiento son básicos para prevenir cualquier tipo de lesión deportiva. Es fundamental realizar una progresión adecuada, uniforme y suficiente para la asimilación de cargas de trabajo. De este modo, se evitarán problemas físicos y médicos durante la práctica de la actividad física.

Para prevenir las lesiones musculares, es importante realizar siempre un calentamiento específico antes de iniciar el ejercicio. El calentamiento activa y prepara progresivamente los músculos, aumentando su irrigación sanguínea y minimizando el riesgo de sufrir un daño.

También, al finalizar el entrenamiento, es clave bajar el ritmo progresivamente, nunca de golpe, y dedicar unos minutos a los estiramientos y al masaje para recuperar los músculos y tejidos que se han visto sometidos a estrés.

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